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De pena ajena / La Feria

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Sr. López

 

Contaba la abuela Elena, la de Autlán de la Grana, Jalisco, de un tío suyo, Livio (así se llamaba), que era el médico del pueblo allá en los primeros años del siglo pasado, católico en grado mocho, fanático en tan gran manera, que en la puerta de su consultorio tenía un letrero que rezaba: “No se atienden ateos, liberales ni masones”. Bien. Pero una vez, el alcalde de Autlán, masón y comecuras reconocido, aquejado hacía días por una diarrea con retortijones, lo fue a ver, se metió al consultorio y sudoroso y demacrado, desenfundó el revólver y le dijo: -Me arregla la panza o ahorita mismo lo mando a ver a Dios –lo curó, por supuesto que lo curó, decía sonriendo la abuela.

 

Compareció ayer ante el Senado el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, para hacer su parte en la comedia anual de “análisis” del informe presidencial, que tanto disfrutan nuestros tribunos, sin que les apene ni poco ni mucho la probada inutilidad de semejante escenificación, que les permite hacer suertes charras con la lengua y con tantita suerte, llamar la atención de los medios de comunicación.

 

Como de costumbre el Secretario compareciente recibe los aplausos de la bancada que respalda al gobierno en funciones y resiste con el mejor garbo posible, las andanadas de los opositores, que no es tan fácil en algunos casos, porque los hay impresentables y fácilmente vulnerables. Lo bueno es que saben que es de mentiritas, como cuando los chamacos juegan futbol americano “tocado”, sin batacazos.

 

Los opositores están para eso, para oponerse, lo que no significa desaprobar o estar en contra de todo, todo el tiempo; y los de oposición son necesarios, sin duda, porque además, como decía don Jesús Reyes Heroles, lo que se opone, resiste y lo que resiste, apoya (no es cita).

 

Sin embargo hay también oposicionistas y hay diferencia, pues el sufijo “ista”, los hace profesionales de oponerse, y a esos, cuando les toca un compareciente sin “pasado” (antes de las señoras ligeras de faldas, se decía así, que tenían “pasado”), cuando enfrentan a un Secretario de Estado sin fama pública ni privada de ladrón, zafio, bajo, improvisado, oportunista, vil o indolente, les es incómodo, pues primero muertos que comportarse.

 

Así les pasó ayer con el de Hacienda que es un señor indiscutido y decente, con una larguísima trayectoria en gobierno sin una sombra de sospecha en su actuar ni un rumor que empañe su prestigio profesional y ético. Puede perfectamente bien, alguien de la oposición, plantear su desacuerdo con la política hacendaria y fiscal del gobierno, claro que sí, también a los criterios del gasto público y la astringencia de la inversión en infraestructura, y sostener un conceptuoso debate sobre el sentido social de la administración pública, el papel rector del Estado en la economía frente a la casi fisiocracia actual que parece permitir todo y dejarlo a lo que haga “la mano invisible” del señor Smith, que todo permite al mercado. Sí, se puede polemizar y dejar muy clara la postura en contra de la político económica oficial.

 

Pero, si a un señor que es Secretario de Hacienda y tal vez hasta candidato a la Presidencia, lo único que se les ocurre es retarlo a que diga por quién voto en 2012 y le echan en cara  representar al PRIAN (don Zoé Robledo “dixit”), por haber trabajado para gobiernos panistas y priistas, pues entonces quiere decir que de plano no hallaron qué criticarle. Don Zoé, para dar contundencia a su planteamiento, dijo:

 

“No sé si alguien podría imaginar a la primera lord del Tesoro, Margaret Thatcher, sirviendo a un gobierno del Partido Laborista; o a Lagarde con el Partido Socialista Francés; o incluso al doctor Guevara de la Serna como presidente del Banco Central de Cuba en el régimen de Batista”. Y agregó al reto de que dijera por quién había votado en el 2012 “cuando era integrante del gobierno panista” (cosa que despacho rapidito Meade: “Por Peña Nieto”… tan tan,”next”).

 

¡Ay, señor Robledo!, para su buena suerte el señor Meade no es pleitista. Otro le hubiera dicho que escogiera mejor sus ejemplos: la conservadora Dama de Hierro, Margaret Thatcher, enemiga política jurada de los laboristas, defendió con toda la energía de que era capaz (mucha), la postura del Primer Ministro Harold Wilson, del partido laborista, y declaró en el Parlamento del Reino Unido el 8 de abril de 1975:

 

“El primer ministro tiene que depender más de sus opositores políticos que de sus supuestos amigos políticos para asegurar la decisión sobre Europea que él considera correcta para el Reino Unido”; y lo reiteró en prensa y entrevistas televisadas: “Se ha sugerido en algunos lugares que mi partido podría encontrar tentador retirar su apoyo para avergonzar al Primer Ministro, pero nosotros consistentemente hemos votado a favor de Europa y no pensamos cambiar de parecer en este asunto”. Era opositora, sin duda, pero no a todo, siempre y a lo que fuera. Apoyó a su enemigo político, sin desdoro de su postura. Faltaba más.

 

No es bajuno ni indigno dar la razón a quien la tiene, ni reconocer lo que haga bien el opositor político. Ayer mismo en España el muy de derecha Partido Popular y el muy de izquierda Partido Socialista Obrero Español, presentaron una postura común ante el problema de Cataluña. Y nadie se despeina. ¿O dos y dos no son cuatro nomás porque lo dice alguien de otro partido político?

 

Otro oposicionista profesional muy conocido, Alejandro Encinas, saltó al ruedo y soltó una de esas frases que se pronuncian con palabras de bronce:  “Qué bueno que haya reconocido que siendo funcionario del PAN votó por el entonces candidato del PRI a la presidencia”: ¡Oooh! de horror del respetable.

 

En este país necesitamos oposición, real, genuina. Y tal vez sería hasta grato ver los debates legislativos en la televisión, si en lugar de ser lo que son, tuvieran altura, nomás acuérdese del papelón de la señora senadora Sansores, antier, hablando en la comparecencia del Canciller Videgaray, de “platos de caca”… sí, son de pena ajena.

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