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De malas / La Feria

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Sr. López

 

A tío Toño los grandes, le decían “El patas” (y los chicos, “tío Patas”). No, no calzaba grande, sino que era legendaria su capacidad para meter la pata, ser imprudente, inoportuno, indiscreto. No cambió nunca a lo largo de su larga vida, a pesar de las consecuencias de su incauto hablar. Un ejemplo entre muchos: no se casó con el amor de sus amores porque, el día de la pedida de mano, aunque iba advertido de ni mencionar la palabra masonería en ninguna de sus declinaciones (los varones de esa generación de toda la familia materna eran masones yorkinos, grado 33 1/3); detalle ya arreglado con suma discreción por su masón papá con su futuro católico consuegro, junto con el Obispo (antes era cosa seria eso); ya concedida la extremidad superior derecha de su amada (y anexos), tío Patas dijo a su inminente suegro: -Y no se preocupe usted, señor, cuidaré bien de su hija, los masones somos gente de palabra –no hubo boda.

 

Quedarán para el anecdotario de la historieta nacional las declaraciones bombásticas de Paco Ignacio Taibo II (Gijón, Asturias, 11 de enero de 1949), ameno escritor y vehemente activista político, de pasteurizada izquierda recalcitrante, apasionado de México como buen no mexicano por nacimiento (llegó a este nuestro risueño país a los 10 años, huyendo sus padres de la pestilente dictadura franquista). Don Taibo II, miembro fundador de Morena, suma a sus prendas ser más pejista que el Peje (“nací pejista hasta el tope/ me gusta hacer campañas/ soy piedra que no se alisa/ soy terco como una mula… léase con la música de “No soy monedita de oro”, de San Cuco Sánchez).

 

La primera que levantó ámpula fue a mediados de marzo pasado (Feria Internacional del Libro de Azcapotzalco), cuando se le fue encima a Alfonso Romo, miembro del equipo de campaña del Pejecutivo, su enlace con los empresarios, quien había dicho que el Pejesús ya había entendido la Reforma Energética y que los contratos con las empresas petroleras privadas “(…) son muy buenos para el país, están bien hechos, y hasta hoy no tenemos quejas”; y ahí fue cuando brinco don Taibo:

 

-“Dice ‘no afectaremos las concesiones para la industria petrolera de las transnacionales’; mi pregunta es muy sencilla: ¿quién chingaos le dijo a Romo que somos ‘nos’? ¿A nombre de quién habla? Porque que yo recuerde, hasta ahora, en el último Congreso y los tres últimos Consejos Nacionales de Morena, se ratificó plenamente echar abajo la Reforma Energética. Y esa demanda es nuestra, no sólo es de Andrés que lo dijo muchas veces (…) la demanda sigue viva y hay que exigir que siga viva” (“chingaos” equivale en los bajos fondos de México, a “carambas”; nota del traductor). Soponcios, funcionarios con diarrea, empresarios dispépticos… hasta que el Pejecutor patrio aclaró, en entrevista en Milenio TV: -“En el fondo sentimos que se engañó al pueblo de México con la Reforma Energética (…)  si no es buena para los intereses del pueblo de México y de la nación (?), aunque nos lleve tiempo por la vía legal, iniciamos un proceso de modificación a las leyes (…)”. Y no sabe uno que es peor, si el apasionamiento claridoso -pero claro al fin-, de Paco I. T. II, o la serpeante labia del Pejengañador (no, pero sí, de a poquitos y sin dolor… y la prima Alicia tuvo así robusto bebé indocumentado).

 

La segunda de don Taibo, que recientemente explotó en la prensa (aunque lo dijo hace siete meses), fue la de expropiar las industrias de los empresarios opuestos al Pejesús, de la que ayer se defendió él mismo en El País (entrevista de Jacobo García): -(…) debate artificioso armado con malicia y mala fe (yo) analizaba una hipotética intervención en caso de una victoria de López Obrador y que las empresas amenazaran con irse del país (…) ni Obrador quiere expropiar ni yo lo pienso, salvo condiciones de emergencia (¡ah, bueno!, salvo excepciones… ¡qué tranquilidad!).

 

Y la tercera, en la misma entrevista de ayer dijo que no hay otra opción más que gobernar por decreto si quieres cambiar este país (enmudeció el palenque): cancelar Reforma Energética (y contratos ya firmados); expropiar empresas (cuando se ofrezca), gobernar por decreto. En resumidas cuentas y al grito de ¡sí somos y qué!: dictadura de izquierda (que ser de izquierda no está mal, que se puede serlo siendo demócrata hasta el tuétano)… pero si se piensa en gobernar por decreto -“para cambiar este país”- se llama dictadura (y sí cambiaría el país, no se imagina don Taibo II cuánto).

 

Si los integrantes de Morena creen que el Taibo daña la cosecha de votos del Pejesús, tienen un problema, un problema grande: el Pejehová, que nomás no se ayuda, le gana la gana.

 

Ayer, en la 59 Semana Nacional de Radio y Televisión, le preguntaron sobre el desplegado que publicaron los del Consejo Mexicano de Negocios (CMN), que empieza con un enorme “Así no”, refiriéndose a las descalificaciones que les ha asestado don Pejecutivo, lamentando “que alguien que aspira a ser Presidente de México denueste a quienes no comparten sus ideas”; respondió el Pejesús amorosito que son una “minoría rapaz… le han hecho mucho daño al país… en buena medida son responsables de la tragedia nacional… no quieren dejar de robar… tienen secuestradas a las instituciones, al gobierno…” Se refiere a unos pelados estilo Bailleres, Larrea, Tricio (Grupo Lala); Claudio X. González (Kimberly Clark), Alejandro Ramírez (presidente de Cinépolis),  y otros que tienen por ahí de un millón y medio de empleados.

 

Cerraron filas Coparmex y CCE con los del CMN. Sume a los que andan trompudos con el Pejeremías, al ejército, la armada, las policías; muchos de la burocracia federal que no quieren cambiar de domicilio por decreto; y algunos de Morena que están que trinan por los raros candidatos que el Pejelector puso.  Va bien.

 

En su presentación, el Pejecutivo, recapacitó y matizó diciendo que de llegar a la presidencia no va a perseguir a los empresarios: “Mi fuerte no es la venganza…” (¡Ufff…!)

 

¿Ven?, si no es malo, nomás no lo pongan de malas.

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