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De luto / La Feria

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Sr. López

 

En casa de tío Mario no había ninguna duda: él era el señor y absoluto dueño de la razón y la verdad. Un macho de película en blanco y negro de la ‘época de oro’ del cine nacional, era una ‘prima ballerina’ junto a él. Su esposa, tía Tita (Martha, Marthita, Tita, claro), era sumisa y tonta. Tuvieron nueve hijos (eran otros tiempos y otro México), sometidos todos desde sus primeros pasos a la autoridad soberana de su padre, que no era malo, pero molía de un hilo… pero los hijos fueron creciendo y un día, Tita Chica, su hija mayor, de 17 añitos, ante la orden de su padre de no volver a ver a un joven bien plantado que le dirigía requiebros y de amores la pretendía, le respondió: -“Papá, déjame vivir mi vida” –desafuero tan sorprendente para tío Mario, que lo hizo decir: -“De monja de meto, si no me obedeces” –tía Tita, la mamá, lloraba en silencio -su especialidad, lloraba muy bonito-, pero Tita Chica, soltó una voz destemplada: -“¿Me metes de monja?… ¡me voy de puta!, ¿oíste?… ¡me dejas en paz o de puta me voy!… –no se apure: fueron novios, se casaron, les fue bien, pero ese día quedó inscrito en la historia de esa casa como el día en que se quebró para siempre la autoridad indiscutible del tío Óscar, porque los demás hijos, también crecieron. Tita (mamá), dejó de llorar.

 

Antier tronó la noticia: Germán Martínez Cázares mandó a volar su chamba de director General del IMSS, y con el idioma político edulcorado al uso, también mandó a volar al Presidente. Nada más escribió su renuncia en 17 cuartillas diciendo a detalle las razones y explicando que el IMSS es un barco que hace agua por las gracias de la Secretaría de Hacienda, que nomás no entiende que el IMSS es un órgano autónomo tripartito, en el que toman decisiones los que ponen el dinero: el gobierno, los trabajadores y los patrones. Hacienda no tiene facultades legales para meter las narices en las decisiones del IMSS, sometido a una ley propia (Ley del Seguro Social, artículo 123, A, fracción XXIX de la Constitución Política de los EUM).

 

Al Presidente (al de este país), no se le renuncia. Nones. Se le plantea en privadísimo el deseo de abandonar el cargo, cuando a él le parezca y si para ello no tiene inconveniente. Y luego, cuando le sale del forro de su sacra voluntad al Presidente, se renuncia con texto brevísimo, ‘por motivos de salud’, y ya muy aventado el funcionario, ‘por motivos personales’, agradeciendo al Titular del Poder Ejecutivo (y se anota su nombre completo), ‘la distinción’ de haberlo incorporado a su equipo de trabajo, deseándole lo mejor para su gobierno, su persona y su familia hasta la séptima generación. Humilditos.

 

Eso cuando no lo corren, lo que se hace en varias modalidades, dependiendo.

 

Lo de don Martínez Cázares no se veía venir, pero no sorprende que haya sucedido. Panista de toda su vida (de 1988 a 2018) y presidente del PAN, dio el brinco a Morena y si le pega la gana regresar a su curul, es (ES) Senador de la república (pluri, no se crea que sudó la camiseta; no es el jicamero de la esquina, estos gallos juegan con doble navaja); calderonista de hueso colorado (cuando Calderón era Presidente; hasta antier fue Amloísta, por la misma razón, lo que fue calificado por Gustavo Madero, otro panista de toda la vida, muy poco caritativamente: -“Da risa y es patético que Germán Martínez esté con AMLO” -lo dijo en febrero de 2019, chéquelo, uno no anda inventando cosas).

 

Patético o no, se incorporó a la anchas filas de Morena (cabe de todo). Lo hicieron Senador, lo pasaron al poderosísimo e importantísimo IMSS y renunció diciendo lindezas como que ‘algunos’ funcionarios de la Secretaría de Hacienda tienen injerencia perniciosa en el IMSS y que ponen en riesgo la vocación igualitaria, de justicia, y de prestación de servicios del Instituto. Que mientras el presidente Andrés Manuel López Obrador, proclamó el fin del neoliberalismo, en el IMSS algunas injerencias de Hacienda son de esencia neoliberal; concretamente dijo: “Ahorro y más ahorro, recortes de personal y más recortes de personal, y un rediseño institucional donde importa más el ‘cargo’ que el ‘encargo’”; indica el comunicado firmado por Martínez Cázares. ¡Sopas perico!, diría Diógenes de Sinope, el afamado filósofo cínico, griego -413 a.C.-323 a.C.-, no se haga bolas, antes de Cristo la cuenta es descendente).

 

Y viene a cuento lo de la sopa del perico porque en Hacienda se hace lo que manda el Presidente, faltaba más. Así que don Martínez, sin sacar boleto, sacó la castaña del fuego con la mano del gato: respeto y parabienes al Presidente; trompetilla a la dependencia que implementa la política económica del señor Presidente, o sea: trompetilla al señor Presidente.

 

Estas cosas pasan cuando se acepta de todo en el equipo (al Gordo Sandoval lo aceptaba el equipo cuando de plano no se ajustaba el número de jugadores, si no, sentado en la banca).

 

Llama en especial la atención lo pronto de esta renuncia; que sea tan claridosa y que vaticine lo que va a suceder… porque va a suceder, no por mala intención, sino por necedad y desconocimiento TOTAL de los entresijos de la administración pública federal, que tiene más vericuetos que la vieja carretera de tierra, Guadalajara-Puerto Vallarta (que construyó un tío abuelo de este menda, sin topógrafos, nomás yendo de pueblo en pueblo, preguntando para dónde quedaba el Puerto: verídico).

 

Otro problema es que hay otros altos funcionarios con malos pensamientos y la renuncia lista en el bolsillo izquierdo del saco (en el derecho si son zurdos). No es bueno, cuando menos, no lo mejor.

 

La aparente sumisión de los secretarios y altos directivos de los gobiernos tricolores, era aparente: acordaban con el Presidente, este oía, meditaba, a veces cambiaba de parecer y daba sus órdenes, debidamente cribadas por los especialistas de cada materia del inmenso conjunto de cosas que atiende el Poder Ejecutivo en este país.

 

¡Ah!… y si don Zoé Robledo, nombrado ya para el IMSS, sí sabe de esto, debe estar de luto.

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