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De la pena a la pepena / Código Nucú

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César Trujillo

Mientras un millón 479 mil 475 damnificados mantienen la esperanza de obtener una ayuda real del gobierno en Chiapas. Mientras 350 mil familias no saben qué les depara en el futuro al ser parte de uno de los tres estados más pobres del país y haber quedado en la orfandad tras el terremoto de 8.2 grados del día jueves. Mientras 15 familias cargan no sólo con las pérdidas materiales sino con el alma enlutada por la muerte de algún ser querido. Mientras eso pasa, algunos políticos no pierden la oportunidad de mostrar su altruismo en videos y fotografías en una “sana competencia” para ver quién es más bueno que los demás.

La ayuda se reduce a ese momento que los va a posicionar ante algunos ilusos y que les servirá de campaña en las redes (aunque no sean los tiempos). La ayuda es ese arribismo característico que ha heredado esa política rancia que sembró hace décadas el paternalismo y nos volvió un pueblo acostumbrado a las dádivas (aunque no nos guste aceptarlo), y que ha creado una fábrica de pobres que les sirve (a los políticos) para mantener el poder en las mismas manos: elección tras elección.

La ayuda de los políticos es un video grabado en donde aparecen con el rostro acongojado, la cara lavada y sin maquillaje (algunas mujeres, sintiéndose feas (Anahí lo dijo), porque no tuvieron a su equipo para que las emperifollara. La ayuda es, probablemente, un video donde resaltan que tiene ojeras y que llevan varias horas sin dormir (nada comparado con el desvelo y dolor de haber perdido todo) porque están ayudando a la gente ensartados en su ropa de marca, en sus pantalones importados y en la necesidad de que todos sepan lo que están dando a quienes lo necesitan.

Esa es la ayuda que para esa clase política importa: aparecer en las portadas de los diarios recorriendo las zonas de desastre, abrazando a las víctimas y fingiendo llorar con ellas, observando las casas derrumbadas y prometiendo lo imposible, mostrándose solidarios cuando no les duele nada. ¿Y luego? La historia la sabemos todos. Luego viene el olvido, la incertidumbre, las denuncias y el tiempo que va mostrando a quienes tuvieron una esperanza, a quienes se aferraron a los discursos políticos, como los nuevos abandonados, como lo ha hecho esa misma clase política por tantos otros miles de mexicanos.

Otros, los que aspiran a algún puesto de elección popular, aparecen entregando víveres, colchonetas o ropa. Aparecen mostrando un rostro que se les acabará en cuanto alcancen su cometido. La historia no miente. Lo hicieron tras el paso del huracán Stan, lo hicieron en el sismo que dejó a cientos de damnificados en Unión Juárez y Ciudad Hidalgo o, sin ir tan lejos, lo hicieron con los damnificados de la colonia San Francisco, en la capital Tuxtla Gutiérrez, cuando las lluvias arrasaron con todo.

Lo hicieron y dejaron el mismo trillado discurso. Lo hicieron antes y es muy probable que lo hagan de nuevo. Quizá por eso muchos ciudadanos estén preocupados por la forma en que harán uso del fideicomiso llamado Fondo de Desastres Naturales (Fonden). No es nada nueva la malversación de los recursos, el agandaye de los gobiernos en turno y el abandono que terminan padeciendo los damnificados. No es nada nuevo que el Fonden sirva para algunos estados como caja chica y, más ahora, que nos encontramos en la antesala de las elecciones del 2018.

¿Qué hacer, entonces, ante los mismos escenarios que se repiten como series televisivas mal grabadas y muestran las mismas estrategias de oportunismo político?, ¿qué hacer cuando los políticos siguen (y seguirán) usando la tragedia humana para su desesperada búsqueda de hueso en la elecciones? Supongo que la respuesta es lo que están haciendo muchos ciudadanos, alejados de los políticos, y que sin andar tomándose fotos y grabando videos para que vean que sí hacen las cosas, juntaron víveres, ropa y todo tipo de ayuda posible y partieron a entregar los apoyos.

A sabiendas de que la historia nos ha enseñado la forma en que opera la clase política, nos queda la unidad. La política está tomada por los hombros por una clase podrida y abusiva que se empodera con las desgracias ajenas y no le importa más que su bienestar.

Manjar

La actuación de la señora Anahí fue reprobable. Su llanto es tan malo que no logra emular ni a sus malos momentos en televisión. Varios chiapanecos se molestaron por ello y tienen razón. # // Si tiene ropa que ya no use y que esté en buenas condiciones, dónela. Muchas personas damnificadas requieren de esa ayuda. Recuerde que hoy es por ellos y mañana por nosotros. #Apoyemos // La recomendación de hoy es El extranjero de Albert Camus y el disco Bird & Diz de Charlie Parker & Dizzy Gillespie. // Recuerde: no compre mascotas, mejor adopte. // Si no tiene nada mejor qué hacer, póngase a leer.

@C_T1

palabrasdeotro@gmail.com

César Trujillo

9611678707

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