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Con la cabeza / La Feria

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Sr. López

La guapa tía Pita fue muy querida por toda la familia (los de Toluca, del lado materno del rompecabezas genealógico de este su atento y seguro). No era muy lista, pero sí muy simpática y generosa, lo que no quitaba que fuera por todos sabido lo gran güila todo terreno, uso rudo, alto rendimiento, que siempre fue. Bueno, tan lo era -y tanto-, que el legendariamente discreto abuelo Armando, una vez dijo que Pita debería hacerle monumento a la “i”, porque… bueno, el caso es que su hija mayor, la esplendorosa “Pita Chica” (para distinguirla de su mamá), salió corregida y aumentada, y a partir de los 16 años, bailó polcas en boca de toluqueños y circunvecinos, cosa que su mamá pretendía neutralizar diciendo al presentarla a alguien: -Esta es mi hija señorita –y la gente alzaba las cejas.

 

Decíamos ayer que la campaña presidencial de propaganda a favor de decir las cosas buenas, que al gusto del inquilino de Los Pinos se dicen poco pero cuentan mucho, era de dar ternura (por lo abiertamente cándida que es la propuesta).

 

Gobernar es difícil arte. A veces haciendo las cosas bien, la gente repudia a quien gobierna (Díaz Ordaz como irrefutable ejemplo); otras, haciéndolas mal, conservan el afecto y hasta respeto de muchos (el argentino Juan Domingo Perón, como ejemplo estelar; el mexicano López Mateos, también). No se puede negar que este gobierno, el de Peña Nieto, ha estado bajo un intenso fuego de propaganda negativa desde al menos desde el último trimestre de 2014, negativa pero no necesariamente mentirosa.

 

Dado que el del teclado es parte del honorable peladaje nacional, naturalmente desconfía de estudios, análisis y en especial de encuestas, cuyo certificado de origen asegure que son hechas en México, de modo que en taco se come los catastróficos informes que sobre este gobierno presenta de vez en cuando nuestra prensa (casi diario).

 

Merecen mayor crédito evaluaciones hechas desde la neutralidad del extranjero,  pues supone uno que no hay sesgo (siempre y cuando no sean de la CIA o el Club de Prensa de Washington).

 

Particularmente, destaca como una fuente confiable de datos el Pew Research Center (PCR, fundado en 1990), que no es sino la empresa de encuestas y estudios de opinión de la empresa editorial Times Mirror Company (Los Angeles Times, fundado en 1881), que cambió a su actual nombre en 1996 cuando  el multimillonario Pew Charitable Trusts (Fideicomisos de Caridad Pew), se convirtió en su principal fuente de financiamiento. Es lo que los yanquis llaman un “think thank”, un cuerpo de expertos que asesora gobiernos, políticos y en general a los que mandan. A la fecha no se han manchado estos del PRC.

 

Pues resulta que el pasado día 16, el PRC publicó los resultados de su estudio en 36 países de todos los continentes, “Globalmente, amplio apoyo a la democracia directa y representativa”, en el que se sondea qué tanto atraen a la gente otras formas de gobierno como la tecnocracia, la autocracia o los regímenes militares; incluye a México. Si quiere leer el original en inglés, véalo en: http://www.pewglobal.org/2017/10/16/many-unhappy-with-current-political-system/

Public attitudes about the political system broadly and the national government specifically vary considerably around the world, though many are critical.

 

Incluye la evaluación del desempeño de los gobiernos. Entre los datos estremecedores que contiene, resulta que según esta encuesta, el 93% de los tenochcas no estamos satisfechos con la democracia, el 98% no confiamos en nuestro gobierno… y de toda Latinoamérica, México está a la cabeza de los países que preferirían un régimen militar: 42% a favor; 23% totalmente en contra; y 29% nomás lo consideraron mal sistema. Pero el 42% es un porcentaje bárbaro y eso sólo tiene una explicación que como ya la conoce, no la comento.

 

Sabido es que en nuestro país, la credibilidad en la democracia la asesinó el Chente Fox, pues de alguna manera se nos metió en la cabeza a todos, que lo único que nos hacía falta era democracia, que con democracia más clara la Luna brillaría y respiraríamos mejor. Bueno, pues, en el 2000, el PRI entregó los trastos, se retiró del ruedo, se sentó en barrera y se puso a contemplar cómo toreaba don Fox. Horrible, fue horrible. Y la ciega fe en la democracia murió. Era una tontería, pero era nuestra ilusión. La democracia es como un automóvil: los coches no chocan o pierden a la gente: depende del que esté al volante. Luego saltó al ruedo don Calderón. Para qué le digo nada. Peor. Y regresó el PRI al poder, como la tía Elisa, que se volvió a casar con su primer esposo, una vez divorciada del segundo que le salió muy malo (un día le cuento).

 

No vale la pena ponerse a analizar los restos del que murió bajo las ruedas de un ferrocarril de carga. No malgastará teclazos este menda analizando qué tan merecida es la fama de Peña Nieto & Cía., ni qué hicieron mal, regular o bien: nos tienen hartos, tengamos o no razón y lo único bueno es que a partir de este día ya son nada más doce meses para que se vayan por siempre, lejos, lo más que se pueda.

 

Pero nosotros, los 126 millones de tenochcas, vamos a seguir aquí, y la pregunta es si vamos a seguir igual.

 

Nuestros gobernantes no vienen de un país enemigo. Salen de la bonita familia mexicana. Son mexicanos. El poder no los corrompe, esa es una calumnia al poder (igual que se dice que el dinero pudre a la gente… bueno, si lo dice en serio, me avisa y le digo donde tirarlo). El poder y el dinero, permiten que la gente sea como es, actúe como realmente es. El canalla no tiene que actuar gentilmente; el soberbio no lo oculta, ni el frívolo ni el libidinoso; pero también hay ricos y poderosos que son gente normal, decente (no santa, eso no existe), y no tan pocos como se imagina, son generosos.

 

Le vuelvo a preguntar: ¿vamos a seguir igual? Si usted piensa que el país no depende de uno, tiene razón, pero no somos uno, somos 126 millones de los que casi el 70% somos mayores de edad… por ahí de 88 millones de adultos. Algo podremos hacer si -no todos, pero sí muchos-, nos ponemos en orden.

 

¡Ah… y votar!, nos digan lo que nos digan, votar, pero votar con la cabeza.

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