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Código Nucú / Los arribistas

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César Trujillo

 

Usando la exigencia del esclarecimiento del crimen del líder de la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos (CIOAC) —que sigue sin encontrar justicia—, Luis Hernández Cruz, como escudo (acto bastante ruin), Diego Valera, diputado del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), refugiado en el sol azteca para que lo palomeen rumbo al 2018; Agustín Bonifaz Herrera, coordinador del Movimiento Nacional por la Esperanza en Chiapas, y la exdiputada perredista Alejandra Soriano han elevado la voz para que se haga el cambio de estafeta en la dirigencia estatal del Partido de la Revolución Democrática (PRD), bajo un supuesto recurso de queja.

La pregunta obligada es ¿qué calidad moral tiene cada uno de estos personajes para exigir cambios o para levantar la mano y decirse aptos? La respuesta es simple y está a la vista. Deje le explico: Agustín Bonifaz Herrera quiere a toda costa tomar la dirigencia del PRD, sin embargo, existe un pequeño problema y es que éste es operador del senador del Partido Verde Ecologista de México, Luis Armando Melgar Bravo. Es este famoso coordinador del Movimiento Nacional por la Esperanza en Chiapas que —con todo y su camisa amarilla— se pasea abiertamente en los eventos del legislador tucán como su esbirro fiel. Es el mismo que ha cometido errores que le han salido caros a Luis Melgar, al ponerlo en eventos donde la gente está inconforme y el senador ha salido bastante raspado.

Agustín Bonifaz es el mismo que hace apenas unos años, según su propia presunción, era militar (soldado raso) y se ufanaba de haber participado en los enfrentamientos contra los miembros del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) a quienes, hace no mucho, exhortaba a la unidad en un dejo total de ironía. Las personas a las que llama “su gente” han dicho claramente que la indicación es simple: apoyar a Luis Melgar; es decir, que está desesperado por usurpar la presidencia del sol azteca para ponerla de tapete y para al uso exclusivo, de un senador que anda desesperado buscando adeptos.

De Diego Valera Fuentes, el niño del Soconusco, el que hizo su berrinche en el PVEM porque no le iban a dar jugada para el 2018 (porque ya le habían dicho que no aspiraba a otro puesto de elección popular comprado por su padre desde Unión Juárez), se enmarca la traición que lo ha acompañado desde siempre. Sus inicios en el Partido Revolucionario Institucional (PRI), luego su salto al partido del tucán porque así le convenía luego de que su padre apoyara económicamente la campaña de Manuel Velasco y sus ataques a la izquierda, y ahora dando un salto como buen chapulín para acomodarse en el sol azteca. Lo curioso es que Dieguito Valera fuera aceptado tan fácilmente en el partido y que sus comparsas hayan sido Barrales, en la nacional; y Alejandra Soriano en Chiapas.

Valera ha sido inoperante en todos los cargos que ha ocupado y tiene una deuda histórica con la zona Costa a la que siempre le queda mal. Su lealtad se basa en su beneficio personal. Carece de ética, de moral y es deshonesto o de lo contrario ya hubiese renunciado a la curul, ya hubiese entregado ese espacio del PVEM que es el partido que lo llevó a la diputación federal y a quien pertenece el puesto, ya hubiese renunciado a los más de 140 mil pesos que se mete, mes tras mes. Su calentura política lo llevó a hacer pactos donde se rumora la intromisión de gente cercana a los exgobernadores Pablo Salazar y Juan Sabines Guerrero. Ese es el Valera que apoya a Agustín Bonifaz y que, seguramente, trae sus pactos también con Melgar Bravo. Y no, tampoco es un guerrero de los chiapanecos: imaginen ustedes que sea este niño chambón el símbolo de lucha nuestro.

De Alejandra Soriano basta recordar su acomodo en la Legislatura que aprobó la cuenta de Sabines Guerrero. Sí, el mismo Juan Sabines que desfalcó a Chiapas aunque ella diga que lo denunció y quiera quitarse el estigma que lo va a perseguir como una traidora más dentro de ese grupo. Es la misma Alejandra que se desgañotaba gritando en favor de Paco Rojas en los comicios del 2015, mostrándose como una perredista apoyando al Partido Acción Nacional (PAN), el de ultraderecha, el que se mofa siempre del sol azteca. Y ya me sé el deslinde, la justificación de que se trataba de un robo, que su participación era como ciudadana, que estaba en libertad de hacerlo, que era en pro de Chiapas. Lo curioso es que después de ese “apoyo” haya resucitado nuevamente, pues todos sabemos que ya era un cadáver político más.

¡Vaya descaro de estos tres personajes que de política saben, lo que yo de pesca!

 

961-167-87-07

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