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Caca de elefante

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José Antonio Molina Farro

Lo dice Vargas Llosa en La civilización del espectáculo. Es oportuno releerlo. Hoy, cuando las modas son todas las modas y los valores tradicionales hechos añicos. Dice el Premio Nobel: “Hoy todo puede ser arte y nada lo es. El criterio lo impone un mercado manipulado por mafias de galeristas y marchands. Esa es la más inesperada y truculenta consecuencia de la evolución del arte moderno”. En la muy respetable Royal Academy of Arts fundada en 1768, Chris Ofilis estrella de una joven generación monta sus obras sobre bases de caca de elefante solidificada; también montó una pieza donde aparece la Virgen María, rodeada de fotos pornográficas. Hay otra obra que despliega a un abanico de niños andróginos cuyas caras son, en verdad, falos erectos. Hay un óleo que describe el impacto de una bala en un cerebro humano, pero lo que el espectador ve, en realidad, es una vagina y una vulva. La “obsesión genital” encabeza la tabla de prioridades de esa joven generación. ¿Y qué decir de un ensamblador que atiborró sus urnas de cristal con huesos humanos y, por lo visto, hasta residuos de un feto? En París un cubano produjo unas <<esculturas>> qué consistían en pedazos de carne podrida, encerrados en cajas de vidrio, con moscas vivas revoloteando en torno. Unos parlantes aseguraban que el zumbido de las moscas resonara en todo el local como una amenaza terrífica. Vargas Llosa es abarcante: “En el caso de la pintura el sistema está podrido hasta los tuétanos, y es en una jungla dehonesta donde se deciden los éxitos o fracasos artísticos”.

Habla del amor y del placer: La civilización del espectáculo está destruyendo una de sus manifestaciones y logros más excelsos: el erotismo. Un ejemplo entre mil. En España la Junta de Extremadura en manos de los socialistas, organizó, a finales de 2009, talleres de masturbación para niños y niñas a partir de los catorce años, campaña a la que bautizó “El placer está en tus manos”, la Junta alegó promoverlos para <prevenir embarazos no deseados> y < para evitar males mayores>; la Junta de Andalucía anunció que comenzaría una campaña similar. Vargas Llosa se pregunta ¿Qué proezas tendrán que realizar los alumnos para sacar notas de excelencia? ¿Dependerá de la cantidad y consistencia de los orgasmos que produzca la destreza táctil de chicos y chicas? No son bromas, las preguntas son pertinentes. ” Me temo que en vez de liberar a los niños de los prejuicios…que han rodeado al sexo, lo trivialicen…y acaben por convertirlo en un ejercicio sin misterio disociado del sentimiento y la pasión, privando a las futuras generaciones de una fuente de placer que irrigó de manera tan fecunda la imaginación y la creatividad de los seres humanos”. <<El sexo se rebaja a lo instintivo y animal. La masturbación no necesita ser enseñada, ella se descubre en la intimidad. Ella va desgajando al niño, a la niña, de su entorno familiar, individualizándolos, al revelarles el mundo secreto de los deseos. Destruir los ritos privados no es combatir un prejuicio ni liberalizarlo. Sacar al sexo de las alcobas es regresarlo a los tiempos de la caverna cuando las parejas no habían aprendido a hacer el amor, sólo a ayuntarse>>.

Nos recuerda Vargas Llosa que, efectivamente, los movimientos liberadores han tenido consecuencias saludables en un mundo donde la virginidad pesaba como lápida, y poco a poco se han ido reduciendo prejuicios, anatemas y disposiciones legales. Todo esto constituye un progreso. El erotismo saca a flote fantasmas escondidos. Freud lo llamó la vocación tanática, que se disputa con el instinto vital y creativo- el Eros- la condición humana. La desanimalización fue un largo y complejo proceso y en él tuvo que ver lo que Karl Popper llama <<el mundo tercero>>, el de la cultura y la invención. Freud demostró que el sexo desempeñó un papel protagónico en la creación del individuo, ahí se fraguan los rasgos distintivos de cada personalidad,blo que nos pertenece como propio y nos hace diferentes a los demás. Ese es el dominio privado y secreto y deberíamos procurar que siga siéndolo si no queremos segar una de las fuentes más intensas del placer y la creatividad. El Nobel opina de la política. Según la mayoría de ciudadanos es una actividad mediocre y sucia, que repele a los más honestos y capaces y recluta sobre todo a nulidades y pícaros que ven en ella una manera rápida de enriquecerse. Los ven como una rémora, como parásitos del presupuesto. Con matices y variantes propios en cada país el nivel intelectual, profesional y moral de la clase política ha decaído. Tampoco es cierto que siempre fuera sucia y vil, ni que lo sea ahora en todas partes y de la misma manera. Hay países como Inglaterra, Francia, Japón, la Escandinavia, donde servir al Estado es o ha sido un trabajo codiciado, porque merecía o merece respeto, honorabilidad y la conciencia de servir al progreso de la nación. Abunda: lo que puede destruir a las democracias liberales es la apatía, el desinterés hacia la vida pública. Sucumbir al catastrofismo y la anomia cívica es dejar el campo libre a los lobos y las hienas. Le impresionó Inglaterra por el respeto instintivo, natural, racional, a la ley, pero trasmina su pesimismo, <Gracias a la globalización el desapego a la ley ha igualado a los países anglosajones con los latinos e hispanos>. Habla el humanista: “La cultura debería llenar el vacío que antaño ocupaba la religión. El gran desprestigio de la política se relaciona sin duda con el quiebre del orden espiritual…que hacía las veces de freno a los desbordes y excesos que cometían los dueños del poder. Al desaparecer la tutela espiritual prosperaron los demonios que han degradado a la política”.

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