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AMLO Presidente / A Estribor

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Juan Carlos Cal y Mayor

Los mexicanos vivimos una jornada histórica el pasado primero de julio por una participación sin precedentes de más de un 70% del electorado. Alrededor de 89 millones de mexicanos votaron en una elección que también fue por primera vez concurrente con la elección de 9 gubernaturas y un gran número de municipios que alinearon su renovación a la misma fecha de la elección presidencial. Es también la elección en nuestra etapa de vida democrática donde se impone un resultado con poco más del 53% de los votos. 30 millones de personas votaron por López Obrador, cuyo triunfo fue reconocido de inmediato por sus contrincantes quienes sin escamotear le desearon suerte por el bien del país.

El fenómeno no paró ahí. Lo que se considera como un tsunami electoral arrastró tras de sí, una mayoría en el congreso, tanto en la cámara de diputados como en la de senadores. La misma noche del 2 de julio Amlo dio un mensaje a sus seguidores pero también al país entero. Para quienes no votamos por él, sus primeras palabras y las subsecuentes declaraciones y acciones son de vital importancia. Dicho esto porque no solo deberá responder a quienes lo eligieron y fincaron esperanzas en su oferta política en el sentido de que haya un cambio profundo en la política de nuestro país; también a quienes fuimos escépticos respeto a la viabilidad de varias de sus propuestas. Al final de cuentas conducirá el timón de un barco llamado México en el que los pasajeros somos todos.

Si se es demócrata se debe aceptar el veredicto de la mayoría y dar la vuelta a la página. Y esto viene a propósito de cómo han reaccionado los diferentes actores políticos. Ahora resulta que si los analistas o los empresarios que antes lo criticaron reconocen el éxito de su campaña, son lambiscones y serviles (López Doriga dixit). Si lo critican son pusilánimes y apuestan a sabotear porque no reconocen la voluntad de millones de mexicanos. No hay medías tintas entre los resquemores y las afrentas que entre los ejércitos de electores generó la batalla. Los vencedores quieren pasar a los vencidos bajo las horcas caudinas. Tampoco parecen tener oídos para quien generosamente, a pesar de obtener una mayoría contundente, llama a la reconciliación.

Por lo pronto parece muy loable que los mercados financieros hayan reaccionado positivamente y se alejaran los temores de fugas de capitales como ya ha sucedido en México en otros momentos de inestabilidad política. Es un mensaje que da solidez a las instituciones e inspira confianza en la ciudadanía. Tampoco parece correcto comenzar a exigir respuestas a problemáticas que no se han podido resolver y cuyas respuestas requerirán de un tiempo para su implementación. Observamos ahora una mutación en el mensaje y las aptitudes entre Amlo el candidato y Amlo el Presidente electo. Y falta ver en los meses que vienen como será el gobierno del Presidente en funciones.

Por lo pronto su futuro equipo de gobierno comienza a definirse y los virtuales funcionarios, en algunos casos, ya hacen anuncios de medidas que se tomarán particularmente en el cumplimiento de los compromisos de campaña. El tema presupuestal, sin contraer deuda o aumentar impuestos, se antoja complicado porque la cifra es grande. Lo más conveniente sería ajustarlo a posibilidades reales y  realizarlo en forma gradual, incluso para evaluar resultados y medir su eficacia. Ciertamente el gabinete  se esta integrando con personas calificadas académicamente pero no todas cuentan con experiencia de gobierno. Y créame que no es lo mismo ver los toros detrás de la barrera que estar en el ruedo. Dejemos pues que el futuro Presidente comience a hacer su chamba. Si tiene capacidad de escuchar, comenzando con su propio equipo de trabajo, tendrá capacidad de recapacitar y tomar nuevas decisiones. Yo prefiero verlo rectificando si es necesario, que empeñado en hacer las cosas sin importar las consecuencias por el solo hecho de cumplir. Yo, como muchos mexicanos, quiero que le vaya bien al nuevo presidente porque solo así le ira bien a México.

PATRULLA FRONTERIZA

Y Hablando de propuestas, nada desdeñable resulta el anuncio del virtual Secretario de Seguridad Pública, Alfonso Durazo. Según sus declaraciones el futuro Presidente esta planeando contar con una “policía altamente especializada” que aplique la ley e “incluye impedir que los inmigrantes indocumentados y los traficantes de personas crucen a México”. Ya la prensa se encargó de bautizarla como “patrulla fronteriza”, una especie de Bordel Patrol con sus consecuentes reacciones.

En mi opinión es un tema insoslayable y es una actitud responsable el atender un problema de abandono que venimos arrastrando de muchos años y agravándose cada vez más en nuestra frontera sur. Porque no solo es un tema de migrantes, en los que obviamente debe prevalecer el respeto a los derechos humanos, sino de control en muy diversos temas. Cerrar los ojos ha sido una actitud comodina pero eso no ha cesado el mal trato de migrantes que provienen hasta de África o Asia. Los traficantes de personas saben que la frontera tiene cientos de cruces y es nula la presencia de autoridades. Por eso abusan de ellos.

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